El 11 de febrero es un buen día para recordar el trabajo de mujeres científicas tanto del pasado como del presente. Porque las del pasado lo tuvieron mucho más difícil por su sexo, pero las del presente, en muchas ocasiones, también se encuentran con trabas que les dificultan avanzar en sus carreras. Con el tiempo hemos conseguido que, al pensar en científicos, dejemos de visualizarlos como hombres con bata. Algunas mujeres ya se cuelan en las fotos e ilustraciones para niños, pero hay algo que no cambia. Siguen siendo mujeres no racializadas. Es ahí donde más debemos seguir incidiendo, pues el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia también consiste en mostrarle a las niñas referentes con los que compararse. A todas las niñas.
En el caso de las científicas gitanas, por ejemplo, no abundan, pero existen y rara vez se habla de ellas. De hecho, hay algunas de las que sí se habla cuando se mencionan mujeres científicas de la historia, pero se obvia el hecho de que tuvieron sangre gitana.
Esto último ocurre con Sofía Kovalévskaya. Si bien no tenía sangre 100 % gitana, fue una parte importante de su cultura, su árbol genealógico y su historia. Otras científicas, del pasado y del presente, han tenido que superar aún más obstáculos que otras mujeres por este prejuicio añadido de la sociedad. Como es importante que se hable de ellas, hoy vamos a ver algunos de sus nombres.
Sofía Kovalévskaya, una historia de aristocracia truncada
Sofía era nieta de un aristócrata húngaro que perdió su título por casarse con una gitana. No tenía sangre gitana por su parte materna, pero sin duda ese episodio de su rama paterna condicionó su historia. Y es que, si bien tuvo una vida igualmente acomodada, podría haber pertenecido a una familia con mucho más poder.
La joven tuvo una educación marcada sobre todo por su interés por la filosofía y las matemáticas. Aun así, en aquella época del siglo XIX no era fácil que una mujer pudiese acceder a la Universidad. Con mucha insistencia logró ser aceptada en la Universidad de Heidelberg, en Alemania, aunque solo como oyente en la carrera de matemáticas. Aunque no se sabe con seguridad, es posible que fuese la primera mujer que estudiaba en esta Universidad. De ahí pasó a la Universidad de Berlín, donde tampoco estaba permitido el acceso a las mujeres. Aun así, consiguió que un reputado matemático, Karl Weierstras, le diese clases particulares. Gracias a su intervención, Sofía pudo completar los exámenes necesarios para llegar a ser doctora. Así, se convirtió en la primera mujer en conseguir un doctorado en matemáticas. También fue una de las primeras mujeres que ejercieron como profesoras universitarias de esta materia, esta vez en la Universidad de Estocolmo.

Durante toda su carrera, hizo grandes aportaciones a las matemáticas, especialmente en las áreas del análisis y la mecánica.
Las hermanas Pankova, referentes de las científicas gitanas
No podemos hablar de mujeres científicas gitanas sin mencionar a Lyubov y Natalya Pankova. La primera fue una bióloga especializada en fisiología y la segunda una química experta en el desarrollo de tintes.
Ambas empezaron sus carreras universitarias siendo muy jóvenes, animadas por su padre. No obstante, al estallar la Segunda Guerra Mundial detuvieron sus estudios para trabajar en una fábrica de armas en Moscú. Finalizado el periodo bélico, volvieron a la Universidad, acabando sus licenciaturas para empezar con sus fulgurantes carreras.
Lyubov consiguió un doctorado en ciencias biológicas, especializándose en campos de la fisiología animal como el estudio de la función del sistema nervioso superior y las características anatómicas y fisiológicas de niños y adolescentes. Publicó más de 50 artículos científicos y varios libros sobre estos temas.
Por su parte, Natalya obtuvo varias patentes por el desarrollo de tintes cianuros, empleados en distintas industrias, como la mineralogía y la industria química.
Mujeres científicas españolas en el presente
Podríamos pensar que, al hablar de científicas gitanas, solo hay ejemplos en Rusia hace más de 100 años. Sin embargo, no hay que viajar tan lejos ni retroceder tanto en el tiempo. En la actualidad también hay mujeres científicas en gitanas, aunque no se hable lo suficiente de ellas. Buen ejemplo es el de Felisa Reyes Ortega, la cordobesa que en 2013 se convirtió en la primera mujer gitana en obtener un doctorado en Ciencias Naturales en España.
Presentó su tesis sobre polímeros en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Madrid, la tesis doctoral en el área de Polímeros, obteniendo la calificación ‘cum laude’. En realidad, es la segunda mujer gitana que consigue un doctorado en España. La primera fue Ana Giménez Adelantado, quien se doctoró en antropología con una tesis sobre los gitanos en el medio urbano. Hoy en día es profesora en la Universidad Jaume I de Castellón.
En el ámbito de la medicina también nos encontramos con científicas gitanas. Es, por ejemplo, el caso de Beatriz Montáñez Gómez, quien en 2013, estudiando el último año de la carrera, concedió una entrevista a Agencia Sinc. Más tarde, podemos seguirle la pista con la presentación de pósters en congresos, ya como médica titulada y especializada en el cribado del cáncer colorrectal.
Como ellas, seguramente habrá muchas más. Estas son las que han decidido salir en los medios de comunicación para demostrar que, efectivamente, hay científicas gitanas. Son un espejo maravilloso para que miles de niñas sean conscientes de todo el potencial que tienen. Aunque los referentes a veces se invisibilicen.

