Suelen decirnos que la Inteligencia Artificial (IA) ha llegado para solucionarnos la vida. Desde luego, nos la hace más fácil. Si lo deseas, puede planificar tu menú semanal, proponerte planes para hacer un sábado por la tarde, escribirte un informe para el trabajo o editar tus fotos para que las subas con mejor calidad a las redes sociales. También puede resumirte un artículo, escribir el guion para que grabes un reel o dedicarle una poesía a tu pareja. ¡Qué maravilla! Y pensar que no hace tanto tiempo que nosotros éramos capaces de hacer todo eso…
Piénsalo. Tememos que la IA algún día nos quite el trabajo, pero lo que ya está consiguiendo es robarnos la inteligencia. Porque esa inteligencia artificial, en cierto modo, se nutre de la nuestra. De todo el conocimiento que hemos vertido durante décadas en internet. Mientras ella se entrena, nosotros estamos cada vez más desentrenados. Hemos introducido en nuestras vidas la Inteligencia Artificial y, de paso, hemos sacrificado nuestra propia inteligencia.
Quizás pienses que estoy exagerando. ¿Pero cuántas cosas no hacías antes fácilmente y ahora te cuestan cada vez más trabajo? La práctica hace el maestro, pero estamos creando algoritmos magistrales mientras que nosotros nos quedamos anclados en la etapa de principiantes. Esto es algo que ya están demostrando algunos estudios. La IA afecta a nuestras habilidades cognitivas hasta un punto que puede pasarnos una grave factura con el paso del tiempo.
La IA te atonta y tú le estás dando permiso
En 2025, un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) llevó a cabo un estudio dirigido a comprobar si la IA realmente afecta a las habilidades cognitivas de las personas. Para ello, reunieron a 54 participantes de entre 18 y 39 años y les pidieron que escribiesen una serie de ensayos sobre un tema determinado. Previamente se dividieron en tres grupos. En el primero podían utilizar Chat GPT como apoyo hasta el punto que ellos deseasen, en el segundo podían usar Google y en el tercero no tenían ningún tipo de apoyo. Mientras escribían sus trabajos, todos estaban conectados a una máquina de electroencefalograma para evaluar la actividad eléctrica en 32 regiones de su cerebro.
Así, se vio que quienes usaron Chat GPT tenían un menor compromiso cerebral en el desarrollo de la tarea. Dicho de forma muy resumida, escribían casi sin pensar. Además, el 83 % de estas personas no recordaron nada de lo que habían escrito apenas unos minutos más tarde.
Un tiempo después, este mismo equipo de investigación llevó a cabo un experimento similar, involucrando como voluntarios a un grupo de programadores informáticos. Se observó que, si bien eran más productivos cuando utilizaban la IA como apoyo, también eran cada vez menos creativos y tenían menos pensamiento crítico.

Ojo, lo del pensamiento crítico es importante
En octubre de 2025 se publicó otro estudio, esta vez con 580 estudiantes universitarios chinos, en el que se evaluó su capacidad de pensamiento crítico, relacionándolo con sus hábitos en torno al uso de Inteligencia Artificial. Las conclusiones fueron claras. Aquellos que solían usar más habitualmente la IA en su día a día, tenían niveles más bajos de pensamiento crítico. Esto, al parecer, se debe a que muestran una mayor fatiga cognitiva. Cuando abusamos de los algoritmos, cada vez nos cuesta más el simple hecho de pensar.
La Inteligencia Artificial nos puede pasar facturas con los años
Recientemente se publicó un estudio en el que no se menciona directamente a la Inteligencia Artificial, aunque, sinceramente, ha sido justo el que me ha inspirado a escribir este artículo.
Se trata de una investigación realizada por científicos del Rush University Medical Center, en el que se evalúa cómo afectan los hábitos de toda una vida en el desarrollo tanto del deterioro cognitivo asociado a la edad como de ciertas enfermedades como el alzhéimer.
Para llevar a cabo el estudio se reclutó a 1.939 personas con una edad media de 80 años y se les hizo seguimiento durante un promedio de casi 8 años. Antes de hacer dicho seguimiento, se les preguntó sobre sus hábitos en tres momentos de su vida. Los 20 años, los 40 y el momento actual. Las preguntas giraban en torno al desarrollo de hábitos culturales como leer libros, aprender idiomas, buscar en diccionarios o visitar museos y bibliotecas.
Es cierto que el estudio tiene una gran limitación, ya que las respuestas dependían de la memoria de los participantes. No obstante, los resultados no dejan de ser interesantes. Y es que se vio que aquellos que habían tenido ese enriquecimiento cognitivo durante su vida experimentaron de media un retraso de 5 años en la aparición del alzhéimer y 7 en la aparición de deterioro cognitivo leve.
Por otro lado, al examinar el tejido cerebral de algunos participantes que murieron durante el estudio, se vio que muchos de los que habían tenido esos hábitos tenían una menor concentración de los depósitos de proteínas que comúnmente se relacionan con el alzhéimer.

Ya, ya sé lo que estás pensando
Puede que estés pensando que no todo el mundo tiene acceso a libros y museos. De hecho, muchos de nuestros mayores ni siquiera pudieron ir al colegio. Por ese motivo, los autores del estudio tuvieron en cuenta también el estatus socioeconómico de los participantes. Curiosamente, se vio que este apenas influía en los resultados. Pero es importante tenerlo en cuenta. En algunos casos es lógico que puede influir y esto es algo que no se puede obviar. No podemos analizar este tipo de resultados sin conciencia de clase. Sin embargo, lo que está claro es que estimular el cerebro ayuda a prevenir el deterioro cognitivo.
Hoy en día, por suerte, hay una mayor cantidad de población en el mundo con acceso a libros, museos, bibliotecas y, directamente, una educación. No obstante, solemos ser precisamente quienes tenemos más accesibles todos esos recursos quienes decidimos dejarlos a un lado a cambio del clic sencillo de la IA. No necesitamos leer un libro si un algoritmo nos lo resume. ¿Para qué usar un diccionario si Chat GPT te explica todas esas palabras que no conoces?
Recientemente se hizo viral en redes sociales el vídeo de una chica reseñando Cumbres Borrascosas y quejándose de que no entendía el vocabulario. Las palabras que mencionaba en el vídeo no eran ni mucho menos complejas. Pero eso es lo que ocurre cuando los algoritmos piensan por nosotros. Nuestro cerebro se expone cada vez a menos retos y, con el tiempo, lo que antes era sencillo y agradable pasa a ser un reto endiablado.
La IA tiene muchísimas aplicaciones que de verdad harán nuestra vida mejor. Puede encontrar un principio activo ideal para tratar una enfermedad entre millones de moléculas. Es capaz de encontrar en las pruebas médicas de imagen las señales de un tumor incipiente. Predice desastres meteorológicos, automatiza el riego… Hace que de verdad nuestras vidas sean mejores sin necesidad de comprometer nuestra inteligencia. Por eso, quizás deberíamos cambiar el enfoque. Hay quien culpa a la IA de estar dejándonos sin inteligencia ni pensamiento crítico, pero somos nosotros mismos los que poco a poco nos estamos condenando.




